“Estar en el centro es adherir al discurso que las minorías cultas han establecido como válido”

Entrevista en Medium, por Tomás Richards.

María Lobo es escritora y docente. Vive en Tucumán. Publicó Pequeño militante del PO, Los planes y Santiago. El interior afuera es su última novela, editada recientemente por Qeja.

¿Cómo encarás la tarea de escribir?

Si tengo que pensar en una imagen que me represente escribiendo, te diría que es la fotografía de alguien que está en el primer peldaño de una escalera. Me gustaría decirte que trabajo en un living, durante largas horas, en medio de las libretas de colores donde están mis anotaciones, y que así es como se me van los días. A veces leo entrevistas de escritores que dicen esas cosas. Parecen vidas bien perfectas. Y es verdad que en algún momento estoy sentada en un living y hay música y libretas. Pero cuando pienso en abstracto en la tarea de escribir, la imagen que me viene a la cabeza no es esa, la del escritor que está en soledad, en un ambiente preciado. Me quedo con la imagen que aparece cuando me acuesto a dormir y mi cabeza funciona. Es la imagen de una persona que está eternamente en el inicio de un proceso. No importa si estoy cerrando una novela: yo siempre estoy en el nivel más bajo. La imagen es la de ese alguien mirando todo lo que le queda por subir. Y te diría que ese alguien piensa que nunca va a llegar arriba.

¿Quién es tu primer lector? ¿A quién le mostrás primero lo que escribís?

Juan, mi marido. Como es un gran fotógrafo, le muestro mis cosas porque sé que va a encontrar el pelito que quedó sin depilar en el bigote, el granito que desvía la mirada del observador. Le hago creer que no tengo apuro, pero espero sus lecturas con mucha ansiedad. Porque como hace casi 18 años que estamos juntos, sé que va a ir ahí. Sé que va a mirar donde yo sé que no lo estaba dando todo, donde podía decirlo mejor. Viene y me lo dice. Encuentra el bigotito y el grano. Lo curioso es que, cuando escribo, yo misma voy detectando esos momentos donde la música es distinta, y sé que Juan me lo va a decir. Ahora que lo pienso, quizás sigo escribiendo a sabiendas de que ese pelito se va a ver. Quizás es un pequeño desafío. Quizás escribo apostando a que él no se va a dar cuenta en qué momento aflojé. Pero eso no pasa nunca. Quizás escribo para perder.

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